Thursday, February 9, 2017

Traición a la patria y un ridículo llamado Samuel Hoyos

En abril de 2015 tres tristes tigres hijos de expresidentes conservadores presentaron una carta pública en la que exigían del presidente del Partido Conservador (David Barguil) hacer valer sus caprichos de niños engreídos. Una carta en la que tres llorones acusan a Juan Manuel Santos de no respetar sus postulados éticos de la niñez: (a) creer que lo público es íntimo; (b) acusar a otro de habérselo arrebatado; y (c) hacer una pataleta. Esos tres llorones son Enrique Gómez Hurtado, Mariano Ospina Hernández e Ignacio Valencia López. Este martes, por su parte, se les sumó un ridículo llamado Samuel Hoyos.

Aquella carta decía que la administración Santos “es un régimen inmoral, corrupto, clientelista e irrespetuoso de la Constitución y de la ley […] que entregará el futuro de los colombianos a un aparato de mando dominado por las fuerzas comunistas que integran los grupos guerrilleros”. Que “el Partido no ha sabido hacerse presente para orientar a los colombianos válidamente hacia una política de orden e institucionalidad como lo pregonan sus doctrinas”. Que “cayeron en una innoble trampa tendida por Juan Manuel con una frialdad espeluznante”. ¿Qué es hacer valer un capricho mediante la interpretación falseada de la realidad? ¿Acaso no exhibe el lenguaje de un niño engreído (político colombiano promedio) victimizándose (manipulación) a la luz de su egoísmo?

Ahora el ridículo de Samuel Hoyos (representante del Centro Democrático), junto con los tres llorones antes referidos, estará compareciendo ante la Comisión de Acusación de la Cámara para justificar la denuncia que a mediados del año pasado presentó con ellos contra el Jefe de Estado por –óigase bien– ´traición a la patria´. ¿Conocen dónde se ancla su argumento? En: La indebida intromisión del régimen castrista de Venezuela y Cuba es una violación a nuestra soberanía, permitida por Santos, buscando sus intereses personales.

No queda claro si el señor no vive en Colombia o si sacó el diploma de Ciencias Políticas de una caja de cereal o, como el Alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa Londoño, de la manga. ¿De qué intromisión habla, exactamente? ¿Y qué de todo lo aducido distingue a la administración de Juan Manuel de la de Uribe y de la de los padres de los tigrillos en mención o, en suma, de los demás presidentes? La terminación del conflicto armado interno más antiguo del hemisferio (con el aval de la comunidad internacional, incluyendo la Corte Penal Internacional y el Despacho Oval en Washington D.C.), lo cual no es, en modo alguno, un interés personal sino más bien general, nacional e internacional.

También existe otra distinción: a pesar de que el problema natural de Colombia es, desde su mismísima Independencia, la corrupción y el clientelismo (que por las ganas de joder quieren achacársela solamente a Juan Manuel), la administración de Álvaro Uribe Vélez ha sido la más corrupta en la historia política de Colombia y posiblemente también del continente. ¿Qué tiene que decir de transparencia administrativa quien apoya a un expresidente y senador abiertamente parapolítico cuyos testigos clave en su contra han sido asesinados o extraditados? Nada. ¿Cuáles son las Chuzadas (DAS) de la administración Santos contra magistrados, periodistas y líderes sociales? ¿Cuáles son los 9 condenados y 18 investigados de la administración Santos? ¿Cuál es la Ley de Alternatividad Penal (2005; paramilitares) de la administración Santos? ¿Cuáles son los falsos positivos de la administración Santos?

¿Traición a la patria? Señor Hoyos, continuar sonando el disco rayado de que Juan Manuel Santos desconoció los resultados del plebiscito del 2 de octubre de 2016 no es nada distinto al cinismo sustantivado como: conveniencia. Lo que se desconoció no fue el resultado del plebiscito sino el resultado de la manipulación de un sufragio. Una manipulación descarada y confesa. Descarada porque no cobra luz sobre el tenor literal (ni figurado) del Acuerdo y confesa porque Juan Carlos Vélez Uribe hizo hasta alarde de la propaganda negra. Eso sí es una traición a la patria. Avergüéncese de su reclamo y, en forma más profunda, de su ejercicio.

Colofón: Quizás para su alivio, señor Hoyos, si Colombia emulara el ejemplo cubano no padecería desnutrición, analfabetismo y enfermedad. Tampoco padecería los vicios dañinos del neoliberalismo económico –sin controles del Estado– del que la clase privilegiada goza a expensas del campesinado. Tampoco habría ocurrido Reficar, ni SaludCoop, ni carruseles de contratación o de otra índole, ni las Megapensiones u Odebrecht y demás porquerías de las que jamás se ha visto en Cuba desde 1958; especialmente eso de asesinar a 152 periodistas entre 1977 y 2015 o a 209 líderes sociales en solamente dos años (2015-2016), por no mencionar siete millones de desplazados.
_____________________________________________________________

Esta columna fue publciada en El Diablo Viejo:

Monday, February 6, 2017

Cochambre: una fuente de entretenimiento

Pablo Escobar, Popeye (criminales); no Bolívar y Miranda, Gaitán y Galán, Garzón y Hurtado, etcétera (próceres). Maldito morbo de mierda, lo mismo el de los medios televisivos y su afán por el dinero como el de la ciudadanía y su afán de sentarse como espectadores frente a la mierda. ¿Se han puesto a pensar sobre las fuentes de entretenimiento en Colombia?

¿Por qué los medios no dan a conocer el ciclo de la historia ilustrando a los pueblos del mundo por qué permanecen en la parte baja de una rueda que nunca gira? ¿Por qué no explican lo que hizo la Unión Europea (UE) en 1993 cuando acuñó el euro y por qué Latinoamérica debería solidarizarse del mismo modo a propósito de una moneda común que anule robos y evite regalos en el comercio internacional? ¿Por qué no revelan la estructura del crimen organizado Sistema de Salud (o, El Paseo de la Muerte) en alianza con el Estado a la luz de la mañosa arquitectura de la Ley 100? ¿Por qué no le quitan la máscara? ¿Por qué los periodistas no cesan de hacer eco de mentiras y manipulaciones (no opiniones ni críticas) de Álvaros y Circos Demoníacos? ¿Por qué no explican la farsa de su independencia cuando un grupo económico ultraderecha controla más del 70% de los medios de comunicación en Colombia? ¿Por qué periodistas y editores no señalan cómo es que sus empleadores viven de lo que ellos producen y se crecen de cojones hasta independizarse del yugo político que los mantiene inmersos en la infamia del suelo y su destinación pedestre hasta heder la putrefacción de la ética de la profesión? Algo así como un paro nacional en las salas de redacción. ¿A cambio de qué? De la dignidad. ¿Acaso hace falta otra razón?

En enero del 2000 (Roma, Italia) el distinguido escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski (1932-2007) –también lúcido ensayista y aficionado a la historia– escribió: “El reportaje se ha trasladado a los libros, porque ya no cabe en los periódicos, tan interesados en las pequeñas noticias sin contexto”; ¨Antes, los periodistas constituían un grupo muy reducido, se les valoraba. Ahora, el mundo de los medios de comunicación ha cambiado radicalmente: la revolución tecnológica ha creado una nueva clase de periodista que en Estados Unidos se le conoce como «media worker». Los clásicos son ahora una minoría y la mayoría ni siquiera sabe escribir profesionalmente; tampoco tienen problemas éticos o profesionales, ya no se hacen preguntas¨; ¨Desde el momento en que se descubrió que la información podría constituir un negocio, la verdad dejó de ser importante¨.

El «neoperiodismo» ha malcriado a la sociedad contemporánea, la ha engreído y hecho mediocre; la ignorancia y la desvergüenza son un modo o estilo que se quita o pone a discreción. Algo así como usar o no condón, o más específicamente, la marca LifeStyles. Así RCN y Caracol, por ejemplo, tienen resuelta su agenda, patrocinando cuanta mierda rentable se les ocurre, pero rentable en fin, cuando no produciéndola. Un Popeye que no comía espinaca sino plata y disparaba a disposición de su empleador (otro criminal de quien también hicieron una novela) ahora estará en las pantallas nacionales. Por otra parte, cualquier historiador o lector juicioso habrá notado que ningún medio en Colombia (sin que el desconocimiento valga como excusa) hizo mención de la afamada Doctrina Monroe del quinto presidente de Estados Unidos, James Monroe, en 1823, ilustrada con la frase «América para los americanos»; precisamente la filosofía político-exterior recientemente resucitada por el cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump. (El Estado de California se negó a implementar la Doctrina Monroe del siglo XXI.)

El periodismo en Colombia se ha oscurecido por el poder y el interés hasta envilecerse por la indiferencia e irresponsabilidad que lo gobierna. Tanto así, que hablamos de «periodismo de investigación» y de él hacemos cursos, talleres y demás como si el periodismo no fuera, por definición natural: investigación. La denominación es tan vergonzosa como lo sería «Filosofía sobre el porqué de las cosas». Tanto se ha denigrado el ejercicio que precisamos adjetivarlo definiendo su sustantivo. Cualquier cosa diferente a la investigación no es periodismo sino simple y llana manipulación de información, un «media worker», un «técnico de la información», un periodista mediocre o un no periodista.

A veces pienso que los textos de Noam Chomsky (Instituto Tecnológico de Massachusetts, Estados Unidos), Armand Mattelart (renombrado sociólogo, autor de Para leer el Pato Donald), Albert Memmi (Túnez, 1920), Paulo Freire (pedagogo; 1920, Brasil), Henry Giroux (crítico cultural y académico estadounidense) y Ryszard Kapuscinski –entre otras– deberían constituir no lecturas sino estudios literarios «sine qua non» en la Universidad y en la escuela. La formación del hombre no se reduce a las materias tradicionales –como quien debe saber un manimoto con arequipe de cada materia– sino al cultivo de la ciudadanía, de la humanidad; y de la disciplina o reciedumbre de carácter sin la cual ningún valor moral o ético es posible practicar. La fortaleza es fuente de lealtad a los valores que uno ha sabido considerar, analizar y emplear como vara para medir cuán humano y digno se es.
____________________________________________________________

Esta columna fue publicada en El Diablo Viejo: